¿Nubes a la vista para algunos mercados emergentes?

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Entrevista con Simón Johnson

Simón Johnson, el ex economista jefe del FMI analiza los problemas que inquietan a los mercados emergentes, después de “contraer despreocupadamente préstamos en divisas extranjeras”. Él también evalúa las diferentes estrategias a que recurren los órganos reguladores de los bancos en EEUU en comparación con Europa. “En Europa, ellos aún están traumatizados por la crisis de la deuda soberana y muy temerosos de hacer algo que pueda desestabilizar la recuperación. Como consecuencia de ello, los banqueros se encuentran en posición de dictar las condiciones a los órganos reguladores”. Johnson también ve con escepticismo la idea de que los órganos reguladores de los bancos nacionales velen por sus respectivos intereses durante las crisis.

Knowledge@Wharton: Una columna reciente de Martin Wolfe en elFinancial Times terminaba con una recomendación semejante a la que usted está haciendo, es decir, que los europeos deberían ser más rigurosos con las exigencias de capital propio, en lugar de seguir el camino que han estado siguiendo, o que le añadieran ese rigor.

Por un lado, está el estado del espíritu de los órganos reguladores; por otro, no se sabe si tendrían de hecho recursos para hacerlo, aunque existiera la voluntad de hacerlo. ¿De dónde vienen los recursos? Usted dijo que 60.000 millones de euros eran una cuantía modesta […] respecto al problema. ¿Cómo evalúa los recursos que están siendo adjudicados para resolverlo?

Johnson: Creo que el recurso más importante es el de la autoridad legal. Y también […] la dimensión intelectual. ¿Las instancias de regulación tienen una visión suficientemente escéptica de esas instituciones financieras enormes y complejas? ¿Ellas las obligan a simplificar su funcionamiento? ¿Exigen más medidas de seguridad como, por ejemplo, volúmenes mayores de capital, y son, de lejos, el problema más importante actualmente? ¿Cómo esos órganos perciben esa cuestión? ¿Ellos tienen poderes legales para presionar sobre el tipo acertado de cambios?

En EEUU, sí. En Europa, ellos aún están adquiriendo esos poderes. Creo que, desde el punto de vista intelectual, hay una división dentro de la comunidad dirigente de los EEUU. Pero las personas favorables a que el sistema sea más seguro y más flexible están en situación ligeramente más ventajosa hoy en día. Pero eso puede cambiar. Tal vez tenga que lamentarme por lo que acabo decir, pero las cosas fluye en ese sentido, lo que es algo alentador.

En Europa, no tanto. Allí, ellos continúan traumatizados a causa de la crisis de la deuda soberana, y tienen enorme temor de hacer algo que pueda desestabilizar, en su opinión, la recuperación local. En consecuencia, los bancos dictan las condiciones a los órganos reguladores. Por lo tanto, no creo que se trate específicamente de falta de recursos; es falta de coraje y determinación. Pero es preciso que comprendamos que en el contexto más amplio de Europa —con problemas macroeconómicos— es difícil no simpatizar por lo menos un poco con los reguladores.

Knowledge@Wharton: Usted tiene enfoques diversos para ambos lados del océano […] En una crisis de verdad, no hay fronteras; existe el contagio y todo lo demás. ¿Por lo tanto […] si hay un problema […] cómo resolverlo? El banco puede ser americano, pero tiene fondos cuantiosos en el exterior […] Sé que hay planes de cooperación internacional, ¿pero en qué situación se encuentran actualmente? ¿La reciente legislación europea cambia las condiciones de esos planes o las hacen mejores de alguna manera?

Johnson: Los europeos están intentando perfeccionar los esfuerzos de cooperación para que se llegue a una solución en el ámbito de la zona del euro, lo que sería un paso muy importante.

Knowledge@Wharton: ¿Ese paso sería la unión bancaria?

Johnson: Bien, en parte. La unión bancaria tiene muchas dimensiones, unidad en torno a una estrategia de solución común, una misma estrategia de solución, reglas claras de reparto de pérdidas dependiendo del tipo de actividades y de lo que salió mal con el banco. Creo que sólo vamos a creerlo cuando veamos que está sucediendo, es decir, cuando veamos, realmente, uno o más bancos en esas condiciones.

Sin embargo, ellos ya entendieron que tienen que caminar en esa dirección. La mayor dificultad es la parte en que se cruza la frontera entre EEUU y Reino Unido, EEUU y la zona del euro, y entre EEUU y otras jurisdicciones y, está claro, entre todas esas jurisdicciones, entre una y otra. Ese es un problema que realmente persiste. No hay acuerdos vinculantes que informen sobre cómo lidiar con eso.

Existen algunos memorandos de entendimiento. Tal vez haya también una mejor comunicación que en agosto y septiembre de 2008, pero todavía no ha sido probada de forma exhaustiva. No sabemos cómo se reaccionará bajo presión. No sabemos lo que puede suceder cuando, tal y como usted dijo, un gran banco americano con una operación de peso en Reino Unido entre en crisis. ¿Las autoridades británicas confiscarían sus activos temerosas de que el banco no esté en condiciones de operar allí? ¿Harían eso? ¿O no importaría si algunos de esos activos volvieran a EEUU —como parte de una resolución conjunta en aquel país— seguros de que ese valor estará disponible para satisfacer a los acreedores y otros en Reino Unido? Esa es una cuestión muy compleja y delicada, y no creo que se haya resuelto totalmente.

Knowledge@Wharton: Después de la crisis financiera asiática de los años 90, hubo varios acuerdos de cooperación cambiaria entre los países, ya que todo comenzó en el transcurso de un pánico o crisis de origen cambiario. Ese, sin embargo, no fue el problema de 2008. En cuanto a la próxima crisis, no sabemos cuándo será ni cómo comenzará. ¿Podría decir qué medidas se tomaron, de manera que haya un esfuerzo de cooperación más eficiente entre, digamos, Europa y los EEUU o entre bancos de Asia y así en delante?

Johnson: Bien, las principales medidas tomadas son precisamente esas declaraciones de acuerdo de principios. El Banco de Inglaterra dijo que entiende lo que el FIDC [Corporación Federal de Seguro de Depósito] haría ante la posibilidad de una crisis aquí, en EEUU. Y entiende que esa podría muy bien ser la estrategia correcta para el banco en una crisis global.

Desde la perspectiva de lo que realmente importa en una crisis, todo eso es muy borroso. Se confía demasiado en la buena voluntad. No nos olvidemos de que el tiempo va a presionar mucho a la hora de la crisis. Decisiones importantes tendrán que tomarse en 24 horas, o antes. Creo que no se puede apostar tanto a que órganos reguladores y partes liquidantes se traten mutuamente con amabilidad: ¿reguladores británicos mirando con cariño los intereses americanos? ¿Por qué harían eso? ¿Y por qué los coreanos habrían de hacerlo? Su trabajo, su responsabilidad —en algunos países es una responsabilidad legal— consiste en pensar en el bien de sus ciudadanos, en su exposición y posibles pérdidas para los contribuyentes.

Por lo tanto, no es tarea fácil, a no ser que haya un tratado que obligue a los países a eso. A menos que los países pongan por escrito lo que harían, cuándo y cómo, no creo que esa cuestión llegue algún día a un buen término.

Knowledge@Wharton: Se le cita en un libro de Jeff Connaughton —The Payoff: Why Wall Street Always Wins. El autor es ex miembro de un grupo de presión y funcionario del Congreso, por lo tanto, él tiene la visión de ambos lados de la cuestión. En el libro, Connaughton hace un análisis devastador de las maniobras internas del Congreso y de la influencia de los grupos de presión de Wall Street, del dinero, recaudaciones de fondos, etc. Sé que usted y el ex senador Ted Kaufman estaban trabajando para hacer la legislación financiera más rigurosa. En parte, lo consiguieron, pero todavía queda mucho por hacer, por lo menos en lo que se refiere a lo que Kaufman y el senador Sherrod Brown deseaban. Hace más o menos dos años que se escribió el libro. ¿Han cambiado mucho las cosas desde aquella época en lo que concierne a las cuestiones que se discutieron en el libro?

Johnson: Creo que las cosas que Jeff dijo sobre la estructura —la industria de la influencia en torno a Wall Street— continúan siendo verdaderas hoy tanto como en aquella época. Lo que cambió fue que la crisis despertó a las personas y ellas comenzaron a darse cuenta de que permitir pura y simplemente al sector financiero, inclusive a los grandes bancos, hacer lo que quieran, cualquier tipo de innovación, cualquier tipo de cambio en su tamaño o estructura, no era necesariamente bueno para el crecimiento económico y para el resto de la economía. La idea de riesgo sistémico, creo yo, está muy viva en la mente de muchas autoridades.

A veces, esos bancos crecen demasiado y están muy apalancados, volviéndose peligrosos para el sistema financiero. Eso puede tener efectos negativos tremendos. Aunque se evite una Gran Depresión, se puede tener una Gran Recesión, lo que puede llevar a la pérdida de 8 millones de empleos seguida de una batalla para recuperarlos que puede llevar de cinco a seis años.

Lo que ha cambiado un poco es que ya no hay ninguna ofensiva contra la industria de la influencia. Ella es muy poderosa actualmente, tiene mucho dinero. Invierte en el grupo de presión explícito, pero también puede, bajo muchos aspectos, influir principalmente en la opinión de Washington y alrededores, además de todo el país.

Hay más gente preocupada por eso, más gente dando marcha atrás y más autoridades inclinadas a dar marcha atrás. Por lo tanto, el resultado del proceso de reforma financiera, en mi opinión, sigue cuestionándose. Pero tengo más esperanzas que alguien, por ejemplo, que haya leído el libro de Jeff. Creo que aún no hemos llegado al final, y no se debe concluir, necesariamente, que la misma estructura poderosa de poder continúe en vigor como antes.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál es su proyecto más reciente?

Johnson: Estoy interesado en la historia de los rescates financieros. Creo que tenemos un largo historial de protección a los individuos, de protección a diferentes tipos de empresas en escenarios diversos en EEUU y en la tradición occidental. Sin embargo, hemos cambiado con el paso del tiempo. Los términos del rescate financiero, lo que es preciso hacer para conseguirlo, quién consideramos en situación crítica, lo que justifica el rescate, creo que esa es una historia importante y que se debe contar a las personas, preferiblemente de una manera impactante, porque no le falta drama. Hay numerosos personajes determinantes.

Knowledge@Wharton: ¿Uno de ellos, el más reciente, serían los fabricantes de automóviles americanos?

Johnson: Sí, desde luego. Pero también, en el futuro, los bancos y el sistema financiero. Esto porque, a veces, tenemos la impresión al oír, por ejemplo, a un alto funcionario de la Reserva Federal, que un cierto conjunto de actividades serán auxiliadas porque es eso lo que la ciencia determina que se haga. Y todo lo demás se queda por su cuenta. En realidad, es más que dar y recibir, es mucho más una secuencia de eventos y depende bastante de quienes estén repartiendo las cartas en ese momento. ¿Qué quería hacer Hank Paulson? ¿Por qué lo hizo? Tim Geithner también es un personaje fascinante. Muchas decisiones tomadas en esos periodos de turbulencias son de la mayor importancia.

Es mejor tener un debate y una discusión más abierta sobre la naturaleza de los rescates. ¿Cuándo tiene sentido un rescate y cuándo no? Es mejor discutir eso ahora que estamos en un periodo de relativa tranquilidad que intentar hacerlo un viernes por la noche, cuando sabe que tendrá que tomar una decisión antes de la tarde de domingo antes de la apertura del mercado en Tokio. Eso es lo que estamos intentando hacer.

Knowledge@Wharton: ¿Cuándo debe haber rescate financiero y cuándo no debe haberlo?

Johnson: Bien, creo que la respuesta depende de cómo defina intereses nacionales y la naturaleza de los factores externos, tal y como se dice en el argot económico.

Knowledge@Wharton: ¿Cuántos empleos se vieron afectados?

Johnson: Yo estaba refiriéndome a los factores externos. Lo interesante respecto a EEUU, y una gran ventaja que tenemos respecto a varios países, es que tenemos un procedimiento de suspensión de pagos comercial relativamente eficiente. Es decir, el proceso de suspensión de pagos por el que pasan algunas empresas no destruye mucho valor. En algunos países, la destrucción de valor es inmensa. En EEUU, el valor de la empresa puede estar en declive antes de la suspensión de pagos, pero su sometimiento efectivo al Capítulo 11 o a alguna otra parte de la ley de suspensión de pagos —e incluso en casos de liquidación— no disminuye el valor de la empresa ni siquiera discretamente. No es raro que una empresa se recupere de una suspensión de pagos, lo que, debo decir, es un fenómeno típicamente americano.

Por lo tanto, eso es algo que podemos hacer en el caso de algunas empresas. No lo hicimos en el caso de los fabricantes de coches. Eso es muy interesante, e importante también. No lo hicimos, a propósito, en el caso de las compañías aéreas después del 11 de septiembre, debido a lo que se consideraban intereses importantes y prioritarios en aquella ocasión. Ellas tuvieron algún apoyo más tarde. No lo hicimos tampoco en el caso de los grandes bancos en 2008/2009.

Aquí caben algunas preguntas: ¿rescataría de nuevo a GM? Si no, ¿por qué no? ¿Rescataría nuevamente a JP Morgan Chase? Si no, ¿por qué no? Creo que son preguntas interesantes e importantes para debatir ahora, de manera que podamos comprender mejor las cosas. No hay que permitir que técnicos especializados tomen esa decisión en la penumbra de una oficina.

Knowledge@Wharton: ¿Qué más estaría sucediendo en el escenario financiero mundial que merezca nuestra atención?

Johnson: Creo que los mercados emergentes se están preparando para más problemas. El sector oficial perdió mucho la flexibilidad que tenía para tomar préstamos en el último ciclo. Pero las multinacionales globalizadas de algunos de esos países, multinacionales prometedoras, pidieron préstamos insanos en divisas extranjeras.

Si recordamos la que tal vez fue la primera crisis moderna de un mercado emergente, la crisis de Chile en los años 70 —en 1982 la situación se tornó realmente mala—, veremos que la mayor parte de la deuda del país en moneda extranjera (dólares) fue contraída por el sector privado, y no por el Gobierno. La responsabilidad pasó al sector público. Hubo una especie de rescate, por así decirlo, pero de un tipo muy confuso.

Pero los préstamos los contrató el sector privado. Creo que hay algunas personas en los mercados emergentes —India viene inmediatamente a la mente— que se han olvidado de eso. Ellas creen que limitando relativamente la acción del sector público, evitando un endeudamiento muy grande en moneda extranjera en el sector público de nuestro balance, todo irá bien. Lo que sucede es que la deuda en moneda extranjera del sector privado, o emitida por el sector privado, también puede ser nociva. Fue lo que sucedió en la crisis asiática de 1997-1998. En Indonesia, Tailandia, Corea, el principal problema fue que las matrices de las empresas, y no el Gobierno, habían adquirido préstamos en el exterior o, principalmente, en dólares. Y ahí la cosa se convierte en responsabilidad del Gobierno, y él tiene que tomar medidas para intentar estabilizar la macroeconomía en el momento en que la deuda se vuelve contra usted.

Knowledge@Wharton: Parece que lo mismo sirve para Irlanda y España en la reciente crisis financiera, en que la mayor parte de la deuda fue asumida por el Gobierno.

Johnson: Sí, pero con una diferencia importante: en el caso de esos países, la deuda fue contraída en euros, ¿correcto? Por lo tanto, en la moneda de ellos, y no en una moneda controlada por el Banco Central de Irlanda, de España, sino por el Banco Central en Frankfurt.

Se puede decir que es más difícil salir de la versión irlandesa, española o griega de la crisis de la deuda porque su moneda no se puede devaluar. No se puede ser más competitivo que los otros países con los que se compite. Se está atrapado en la misma tasa de cambio. Salarios y precios cambian, pero el proceso de ajuste es relativamente doloroso. Sin embargo, usted tiene toda razón: en Irlanda y en España, fue el sector privado quien se endeudó, al contrario de Grecia.

Knowledge@Wharton: En Asia, por lo tanto, como los países tenían su propia moneda, por más doloroso que haya sido y por mayor que haya sido la devaluación, ellos se recuperaron relativamente deprisa en comparación con lo que sucedió en lugares como España e Irlanda, que aún luchan con índices elevados de desempleo.

Johnson: Correcto. Ellos tienen una estructura económica diferente. Había, por ejemplo, un énfasis mayor en las exportaciones en Tailandia, Indonesia y Corea. Pero la recuperación fue más rápida que la que hemos visto en buena parte de Europa. Eso se debió, en parte, a la depreciación de la moneda. Islandia sería otro caso, y bastante traumático. La situación allí fue terrible, pero la depreciación de la moneda ha posibilitado una recuperación mejor de la que habría sido posible en otras condiciones.

Knowledge@Wharton: El Gobierno de Islandia también asumió el control de los bancos, ¿verdad?

Johnson: No había alternativa. Los bancos fueron los primeros en caer en default. A continuación, el Gobierno pasó a controlarlos. Por lo tanto, la deuda, que era de por lo menos 11 veces el PIB, vio su valor contable reducido de forma significativa. El Gobierno pasó de una situación de deudor modesto a deudor cuya deuda era relativamente elevada. Ese peso, sin embargo, es gestionable, porque la reducción del valor de la deuda fue hecha antes de que el Gobierno asumiera su control.

 

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2 Comments to “¿Nubes a la vista para algunos mercados emergentes?”

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